El hombre, desprendido de esa eternidad en la que todos los tiempos son uno, ha caído en el tiempo cronométrico y se ha convertido prisionero del reloj, del calendario y de la sucesión. Pues apenas el tiempo se divide en ayer, hoy y mañana, en horas, minutos y segundos, el hombre cesa de ser uno con el tiempo, cesa de coincidir con el fluir de la realidad. La medición espacial del tiempo separa al hombre de la realidad, que es un continuo presente, y hace fantasmas a todas las presencias en que la realidad se manifiesta.
Octavio Paz “El laberinto de la soledad”
El tiempo al dejar de ser “un continuo presente” se rompe, se hiela en medio de la nada, se vuelve permanente pero demasiado abstracto. A nosotros nos sucede lo mismo. La serie fotográfica “Somos Eternos” busca interpretar esta fragmentación del tiempo y la estática presencia de nuestro ser en las diferentes realidades que esta genera. El “ser eterno” radica en la trascendencia de nuestra presencia, espiritual y material, durante todos los tiempos, pero detenida en un momento infinito, un momento que deja de ser “realidad” para fundirse de nueva cuenta con todos los tiempos y transformarse en perenne existencia.
Alfonso Belmar en su propio laberinto de la soledad.
Octavio Paz “El laberinto de la soledad”
El tiempo al dejar de ser “un continuo presente” se rompe, se hiela en medio de la nada, se vuelve permanente pero demasiado abstracto. A nosotros nos sucede lo mismo. La serie fotográfica “Somos Eternos” busca interpretar esta fragmentación del tiempo y la estática presencia de nuestro ser en las diferentes realidades que esta genera. El “ser eterno” radica en la trascendencia de nuestra presencia, espiritual y material, durante todos los tiempos, pero detenida en un momento infinito, un momento que deja de ser “realidad” para fundirse de nueva cuenta con todos los tiempos y transformarse en perenne existencia.
Alfonso Belmar en su propio laberinto de la soledad.




